La transformación de Petróleos del Perú (Petroperú) dejó de ser una simple promesa en el papel para convertirse en una hoja de ruta audaz, necesaria y, sobre todo, esperanzadora.Tras años de turbulencias financieras y estructuras burocráticas, el Gobierno decidió tomar las riendas con una visión de largo aliento: devolverle a la petrolera estatal su sitial histórico como el motor del desarrollo nacional.No estamos ante un simple ajuste de cuentas o un recorte frío; estamos siendo testigos de una modernización integral que busca convertir las ineficiencias del pasado en la resiliencia y el éxito del futuro.El plan trazado por el Gobierno, ante todo, es una apuesta decidida por la sostenibilidad y el orgullo recuperado. La creación de bloques patrimoniales y la simplificación de una estructura gerencial que antes parecía un laberinto dtreinta cabezas no son medidas de austeridad ciega.Por el contrario, son herramientas de precisión diseñadas para inyectar agilidad y transparencia. Al organizar los activos estratégicos bajo modelos de gestión modernos -similares a los que emplean las grandes corporaciones globales- se busca que la empresa deje de depender del auxilio constante del tesoro público.(Edición domingo).