Por Víctor Gobitz, presidente de Quilla Resources y Rodrigo Prialé, profesor principal de la Escuela de Posgrado Gerens.La industria minera es el principal pilar económico del país, pero está aún lejos de alcanzar su potencial pleno.Más del 80% del PBI minero ha experimentado un alza significativa. El precio del cobre, que a enero del 2024 era de US$8.800 por tonelada, cierra el año en torno a los US$12.000 por tonelada; y el oro, que a enero del 2024 cotizaba en US$2.000 por onza, ahora supera los US$4.500 por onza. Por otro lado, la producción de cobre, que en el 2024 alcanzó los 2,6 millones de toneladas finas, este año culminará en torno a los 2,8 millones; en el caso del oro, el 2024 totalizó 6,4 millones de onzas, y este año culminará en alrededor de 7 millones de onzas, aunque casi un 50% del total es producido a través de la minería no formal. En total, las exportaciones mensuales de la industria minera han pasado de US$3.100 millones en enero del 2024 a US$6.500 millones a diciembre del 2025. En el caso del cobre, contamos con un portafolio que supera los US$50.000 millones; su desarrollo nos permitiría duplicar la producción anual y añadir más de 100.000 empleos directos de calidad.En el caso del oro, contamos con la oportunidad inmejorable para formalizar al minero MAPE, dotándolo de asistencia técnica y trazabilidad.En el año que culmina han acontecido hechos positivos que merecen ser destacados: primero, el proceso de construcción de dos minas nuevas: San Gabriel (Au) y Tía María (Cu); al menos cuatro transacciones de compra de activos mineros, como son La Arena (Zijin), Condestable (Río Alto 2), Río Blanco (Zijin) y Chapi (Quilla); y una megafusión global, de Anglo American y Teck. La nota negativa del año ha sido la incapacidad del gobierno y del Congreso en aprobar la ley MAPE que, como consecuencia, extiende nuevamente el Reinfo.