Si algo grafica la decadencia del actual Congreso es, sin duda, la imagen de la congresista Lucinda Vásquez -ex Perú Libre y hoy integrante de la bancada Juntos por el Perú- sentada en uno de los sillones de su despacho con la pierna izquierda en alto, y su asesor Edward Rengifo Pezo cortándole las uñas de los pies en plena jornada laboral. La indignante escena, sin embargo -todo indica-, solo pasará a engrosar el abultado legajo de inconductas y comportamiento casi delincuencial de algunos legisladores. A más de dos meses de conocido el hecho, el caso sigue en la congeladora de la Comisión de Ética Parlamentaria. Lo mismo ocurre con el que involucra a Kira Alcarraz por amenazar a una periodista con "estamparla contra la pared".En el tintero del Pleno, en tanto, han quedado los tres informes de Ética que recomendaban suspender en sus funciones sin goce de haber, por periodos que fluctúan entre los 60 y 120 días, a los congresistas Raúl Doroteo (No Agrupado), María Agüero (Perú Libre) y Darwin Espinoza (Podemos Perú). Y nadie dice nada.