Fue, una vez más, un año de vaivenes y confrontación. En este 2025, la coyuntura política -que tuvo su momento culminante en la vacancia de Dina Boluarte de la Presidencia de la República y su reemplazo por el entonces titular del Congreso, José Jerí- nos impuso incertidumbre y desazón. Dina Boluarte, la exsocia del golpista Pedro Castillo, la mujer de los Rolex y de los ‘waykis’, se dejó ganar nuevamente por la indolencia y la soberbia -como cuando dijo: "Me llega lo que me puedan decir porque me baño en manteca" o cuando le respondió: "No necesito tus lágrimas" a un periodista que le pidió ayuda para atender los incendios forestales en Amazonas-; se arropó en el cómodo respaldo que -a veces tras bambalinas, pero más con descaro- le dieron algunos partidos representados en el Parlamento, y demostró que aprendió poco, o más bien nada, de los golpes políticos recibidos el año anterior. "Mi gobierno no tuvo paz ni tregua", "han querido convertir a la presidenta en un chivo expiatorio", se quejó. Aquel 10 de octubre, Boluarte se convirtió, con el aval de 122 congresistas, en la cuarta persona en el cargo presidencial en ser vacada en los últimos 25 años.