El Gobierno, en un hecho que está pasando desapercibido, propuso a un abogado para dirigir, por siete años, la Contraloría General de la República. Pero, ¿Pedro Cartolín Pastor es el idóneo para tomar este cargo? Jaime de Althaus tiene una opinión distinta a la del Ejecutivo. Después de los informes de Contraloría algunas obras se paralizan porque los funcionarios no quieren mover un dedo alrededor de una obra observada por la Contraloría. ¿Cuál debería ser el papel a seguir de la Contraloría en una nueva gestión?La Contraloría supone un incentivo perverso porque si alguien no hace nada ni toma decisiones no le pasa nada. Pero si alguien hace algo corre el riesgo de una sanción o una denuncia penal. El último absurdo ha sido el caso del expresidente de Petroperú que acababa de ser designado. Carlos Linares es un funcionario de carrera sin ninguna clase de denuncia, un hombre serio y competente, y fue inhabilitado por la Contraloría por un año por un supuesto mal manejo de la caja chica cuando él estaba en Cofide. Un absurdo. Eso hace que nadie quiera ocupar un puesto público de alto nivel. Hay un incentivo perverso. El que toma decisiones termina siendo castigado. Por eso los funcionarios no firman y prefieren ir a arbitraje, por eso las obras se paralizan. El Estado está paralizado por culpa de la Contraloría. Tiene que cambiar de paradigma. Como vivimos bajo la cultura de la sospecha se crea un montón de normas para prevenir que no haya malos manejos, pero son tantas que cualquiera que hace algo termina infringiendo alguna de ellas. Se debe hacer auditoría de desempeño, que vigile que las instituciones cumplan su labor y premiar por actuar, no por no actuar.