VIOLENCIA ELECTORAL DEBE SER CASTIGADA
22 de noviembre de 2006

Resulta intolerable que el reciente proceso electoral siga siendo perturbado por diversos grupos desbocados, sin reparar en el enorme daño que causan a la estabilidad política y democrática.Hay que considerar seriamente la gravedad de los delitos: aparte de atentar contra la integridad y la vida de inocentes ciudadanos, se pretende quebrantar la voluntad popular. Según se ha informado, al menos en 53 distritos del país hubo protestas que derivaron en actos vandálicos como quema y destrucción de material electoral, retención forzada de personas e incluso muertes de por lo menos tres personas. Por lo mismo, hay que exigir a las autoridades electorales, fiscales, judiciales y policiales emplear toda la fuerza de la ley para restaurar el orden y la autoridad, y poner fin a estos conatos violentistas, atizados por irresponsables. Sin embargo, es preocupante el escaso número de detenidos hasta ahora.La violencia, como nos enseña la experiencia histórica, solo genera más violencia y no ayuda a resolver nada. En este caso, debemos enfatizar que el voto popular tiene que ser respetado, aunque el candidato elegido no sea de nuestra preferencia. Y cualquier reclamo o discrepancia, por más justo que pudiera parecer, debe resolverse a través de los cauces y mecanismos legales existentes.En tal sentido, la impunidad es inaceptable por lo que las investigaciones de los actos vandálicos tienen que continuar hasta las últimas consecuencias para deslindar responsabilidades y castigar a los instigadores y seguidores.En otro orden de cosas, tenemos que reflexionar sobre la necesidad de ajustar el ordenamiento legal, por ejemplo para elevar el porcentaje de votos requerido para elegir a un alcalde, con lo que se reforzaría su legitimidad; y ver incluso la conveniencia de realizar una segunda vuelta y mejorar los procesos de revocatoria y reelección edilicia. Hoy gana el candidato que obtiene simplemente el mayor número de votos, lo que no da al gobernante un sustento político sólido y debilita su gestión al menor problema. Por ejemplo, en las elecciones del domingo pasado aproximadamente en diez gobiernos regionales el presidente fue elegido con menos del 30% de votos de la jurisdicción y en uno con menos del 20%.