Una fila interminable de combis trasladándose en los días más convulsos vividos por Puno fue la demostración más palpable que existe un financiamiento oneroso, oscuro y maledicente detrás de las protestas que se han dado en el país y que ahora asolan a Lima.Un gran signo de interrogación se abre ante la suntuosa logística usada para el traslado de miles de manifestantes que provienen desde diferentes regiones y que llegan a la capital del Perú para participar de la denominada "toma de Lima".Los pobladores que se trasladan en camiones, buses, camionetas, combis y vehículos particulares afirman que se quedarán en Lima hasta que la presidenta de la República, Dina Boluarte, renuncie al cargo. ¿Quién los financia?, ¿cómo mantienen a sus familias si todos los días acatan un paro?, ¿ quién paga su alimentación? ¿pagan un hospedaje? Es un que tema que merece ser investigado.