Durante dos semanas consecutivas (del 11 al 17 de agosto) el presidente Pedro Castillo abrió las puertas de Palacio de Gobierno a decenas de pseudo dirigentes de diferentes partes del Perú con el pretexto de atender sus reclamos. Si bien, en un inicio, este grupo estuvo formado por ronderos que se autodesignaban representantes de "el pueblo" y mostraron apoyo al mandatario a ojos cerrados; el jefe de Estado también recibió a radicales disfrazados de ‘dirigentes sociales’.