Luego de haberse librado del segundo intento de vacarlo por la oposición en el Congreso, el presidente Pedro Castillo, en lugar de solucionar el conflicto con los transportistas de carga pesada, siguió su propia agenda y durante cinco días ignoró el paro indefinido de los camioneros, a los que se sumaron los agricultores y ganaderos. Desgraciadamente, no fue el único desatino presidencial. Siguieron otros más que expandieron en todo el país las marchas que ahora exigían su renuncia y nuevas elecciones. Se salvó de la vacancia, pero no de la protesta de los sectores populares afectados por el alza de los combustibles y de los alimentos de primera necesidad.