Cuando los políticos sienten la mordedura del desprecio, como se ha visto ayer -en Ancón- donde el presidente Pedro Castillo fue insultado, por lo general renuncian. En la víspera y en la mañana de este domingo, ese habría sido el temperamento del profesor chotano, convencido por un sector de su entorno. Pero no por Vladimir Cerrón, quien piensa llevar la confrontación de las declaraciones de la colaboradora eficaz Karelim López hasta el final o "hasta vencer o morir".