En el día 28 de su gestión, el presidente del Consejo de Ministros, Guido Bellido, se presentó ante el Congreso de la República para exponer las políticas de gobierno y solicitar el voto de confianza. Lo hizo con un discurso de 44 páginas plagado de populismo, con un rosario de proyectos, programas sociales e incrementos presupuestales que, según proyecciones, conllevarían un gasto superior a los 26 mil 364 millones de soles -que nunca explicó de dónde saldrán-, y un mensaje que, lejos de convocar a la unidad, puso énfasis -en el marco del bicentenario- en las diferencias económicas, sociales y culturales del país. En su alocución, por demás extensa –duró dos horas y 32 minutos–, habló de un “compromiso frontal con la lucha contra la corrupción y el terrorismo”. Una ironía o burla, pues él mismo es investigado por terrorismo y otro integrante de su equipo, el ministro de Trabajo, Iber Maraví, está vinculado al Movadef y aparece en atestados policiales como autor de actos de terrorismo. Y sobre la corrupción, la cúpula de Perú Libre está involucrada en Los Dinámicos del Centro, sin contar con que el dueño del partido, Vladimir Cerrón, tiene una condena por ese ilícito.