SHOW TIME
20 de septiembre de 2006

Un contraste significativo del gobierno de Alan García con el de Alejandro Toledo es la capacidad de poner la agenda nacional. Hace unos días fue la renta básica, ayer la evaluación de maestros, y mañana seguramente la pena de muerte. Es la capacidad que siempre tiene el Gobierno para hacer noticia y que el régimen anterior muy rara vez pudo ejercer, pues era un seguidor de los temas que le ponían la oposición o la prensa.A diferencia, García la realiza con mucha habilidad. La única vez en que pareció perder el control de la agenda fue con la revelación del vocal supremo sobornado, pero entonces el presidente dio, inmediatamente, un paso adelante informando sobre una reestructuración judicial de la cual, unas semanas después, ya no se sabe nada y -como era previsible- va perdiendo relevancia en la agenda.Está bien que el Gobierno recupere la capacidad de poner la agenda. Hay dos problemas, sin embargo, que pueden mellar su efectividad. El primero es que varios anuncios parecen iniciativas individualmente interesantes pero desarticuladas de un plan general para el sector. Es el caso del anuncio presidencial de ayer sobre la evaluación de maestros, la cual, si bien es indispensable, no forma parte, hasta el momento, de un planteamiento de reforma global de la educación.El segundo problema es la modalidad que el presidente García está usando para algunos anuncios, con frecuencia mediante llamadas de atención a sus ministros. Ocurrió ayer con el de Educación y la semana pasada con la de Justicia por el incendio del Municipio de Chiclayo, el cual, de paso, también parece haber perdido interés.Para los 'cafés cargados' están las reuniones privadas con los ministros. Y si el presidente está disconforme con algunos miembros del gabinete, debería proceder a su relevo en lugar de estarlos cuadrando en público.Está bien que el jefe de Estado fortalezca su liderazgo y demuestre que está al mando, pero hacerlo a costa del ridículo de los ministros debilita al Gobierno en su conjunto y, por tanto, al final de cuentas, al propio presidente, señala el director de Perú 21, Augusto Alvarez Rodrich.