Cuando el Congreso aprobó una ley que eximía a Petroperú de ejecutar acciones e inversiones bajo el control del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP), el Fondo Nacional de Financiamiento de la Actividad Empresarial del Estado (Fonafe) y el Consejo Superior de Contrataciones y Adquisiciones del Estado (Consucode), muchos pensaron que era una torpeza generada por la inercia administrativa de un Congreso de salida que daba trámite a algunos de los tantos proyectos absurdos que dormían el sueño de los justos. Pero la cosa es bastante más grave, por lo que se ve. El presidente de la petrolera estatal acaba de anunciar que en las siguientes horas se pondrá a licitación la modernización de la refinería de Talara, la que, según cálculos preliminares, bordea los 400 millones de dólares. Nada de esto sería fortuito. Menos si se tiene en cuenta que un "amigazo" del presidente Toledo tiene especial interés en hacerse cargo de esa operación. ¿Al final del mandato se le quiere pagar los favores financieros que, al parecer, le habría hecho en las campañas del 2000 y el 2001? Huele bastante fea esta operación. Sobre todo, porque en la aprobación de la misma no sólo participaron parlamentarios del oficialismo sino del futuro gobierno, con quien este empresario petrolero con varios millones en la alforja también guarda vieja amistad. Es indiscutible que Talara necesita un plan de modernización urgente, ya que, de otro modo, su destino es el colapso. Pero ya existe un proyecto sustentado técnicamente, elaborado por el MEF, que no tiene nada que ver con el que ha lanzado sospechosamente el mandamás de la empresa.Según hemos podido averiguar, la peregrina iniciativa reseñada no va a pasar de ninguna manera y las autoridades del régimen estiman que las declaraciones del titular del edificio de Corpac no son más que un intento desesperado por sacar como sea lo que, no nos cabe duda alguna, responde a poderoso lobby.Ojalá así sea. Sería un triste epílogo para un gobierno que de alguna manera ha encontrado en la conmiseración de la opinión pública un final relativamente halagüeño. Una operación casi con nombre propio puede empañar y comprometer judicialmente a quienes la dejen pasar, señala el director del diario La Primera, Juan Carlos Tafur.