Después de seis semanas del paro realizado en el distrito de Challhuahuacho, provincia de Cotabambas, región Apurímac, que terminó con la muerte de tres personas y una declaratoria de estado de emergencia por treinta días, mañana debería ir una comisión del Ejecutivo a dialogar con las autoridades provinciales y distritales de Cotabambas y Grau, consideradas áreas de influencia del proyecto minero Las Bambas. Hasta ese lejano lugar del Perú llegué hace dos semanas. Las Bambas es un proyecto minero que ha generado grandes beneficios en su área de influencia directa, al mismo tiempo que una enorme expectativa de parte de personas que no pertenecen a esa línea de frontera, y por lo tanto tienen la sensación de no recibir nada. Estamos hablando de Cotabambas, una provincia que solía estar segunda en el ranking de pobreza en todo el Perú y que hoy recibe los beneficios (e impactos) de un proyecto de 7,4 billones de dólares de inversión. El vice presidente de la mina, el cusqueño Luis Rivera, explica con orgullo el proceso de reubicación de las casi 500 familias que vivían dentro del terreno que decidió comprar Xstrata (ex operador de la mina, vendida a MMG en 2014) y de cómo estas han sido beneficiadas con una nueva urbanización de lujo, con casas de tres pisos en terrenos de 500 m2, iglesias para tres distintos credos, lozas deportivas, escuela, colegio, posta y camionetas del año, además de indemnizaciones por más de 1 millón de soles, gracias a un proceso que empezó diez años atrás y que se hizo con sumo cuidado. Estamos hablando de personas que vivían de la agricultura de subsistencia y crianza de animales, en casas pequeñas de adobe y techo de ichu o calamina, como miles de comunidades a 4 mil msnm en el Perú.(Edición domingo).