La Carretera Central fue reabierta la noche del miércoles, luego de dos días de permanecer bloqueada por trabajadores y residentes de La Oroya. Sin embargo, los costos de esta acción los paga toda la selva central y el valle del Mantaro, refiere el alcalde de la comuna provincial de Yauli-La Oroya (Junín), Carlos Arredondo, quien afirma que si no se reactiva el complejo metalúrgico de la zona, la ciudad de La Oroya está condenada a desaparecer.¿Por qué los residentes de La Oroya necesitan tanto que su complejo metalúrgico vuelva a operar, luego de toda la contaminación que les ha traído? Porque es nuestra principal fuente de vida, aunque parezca una ironía. El complejo está paralizado hace casi siete años y eso ha traído graves consecuencias económicas y sociales a La Oroya. Por ello, hace seis meses, como gobierno local, decidimos involucrarnos en este problema. ¿Cuáles son esas consecuencias que perjudican tanto a La Oroya? Una de ellas es la migración. El 35% de la ciudadanía se ha ido a vivir a otras regiones. Esto ha generado, como consecuencia, que ahora La Oroya solo tenga siete regidores y no 14, como antes. La ONPE determinó esto por la reducción de los electores. Asimismo, se han cerrado dos instituciones educativas escolares estatales por falta de alumnos. Antes, en cada aula había hasta 30 estudiantes, ahora son 15 y hasta 8. Parece que la ciudad de La Oroya se va a pique. No le falta razón para pensar eso. La pobreza se ha incrementado notablemente, los negocios han quebrado. Incluso algunos bancos han cerrado.