Aunque se trataba de un secreto a voces, la Autoridad Nacional del Servicio Civil (Servir) reconoció que la ausencia de la meritocracia en el Estado es el principal problema que impide contar con un servicio civil profesional traducido en mejores atenciones a la ciudadanía. Un reciente informe sobre el grupo de directivos públicos del servicio civil peruano revela que más del 70% de los puestos jefaturales (jefes de órganos, unidades orgánicas y órganos deconcentrados) son designados por confianza, por lo que no existe una selección y promoción basada en el mérito, en tanto que la evaluación del desempeño está ligada, sobre todo, a la lealtad hacia sus superiores.En ese sentido, para Servir, el actual segmento directivo peruano -compuesto por los jefes de órganos, unidades orgánicas y órganos desconcentrados- se caracteriza por ser un modelo directivo "politizado", básicamente porque el acceso a la mayoría de puestos está limitado "únicamente" a la confianza política.