La población amazónica vive indignada por el atraso permanente que atraviesa, debido a la falta de vías de comunicación que permitan el desarrollo social y económico de esta vasta y rica región.Sin embargo, cuando el presidente Ollanta Humala anunció que se iba a iniciar el proceso para concesionar las obras del proyecto de la Hidrovía Amazónica, los habitantes de Amazonas, San Martín, Ucayali y Loreto abrigaron la esperanza de que este emprendimiento constituyera el fin de una larga etapa de abandono de sus pueblos por parte del Estado, pues cuatro millones de peruanos se beneficiarían con el impulso del comercio internacional, especialmente con Brasil, y el inicio de rentables negocios.Y es que, solo en Loreto, la falta de industrias y puestos de trabajo ha ocasionado que más de 100 mil jóvenes vivan excluidos de cualquier posibilidad de superación y desarrollo profesional, por lo que muchos de ellos han sido enrolados en las FARC de Colombia, mientras que otros son peones del sembrío de hojas de coca, contrabandistas de armas, en la tala indiscriminada de bosques y asaltantes de embarcaciones fluviales.Ante ello, la Hidrovía Amazónica se presentaba como el camino perfecto para despertar de la pesadilla de la miseria que envuelve a la mayoría de pueblos de la selva, pero la agencia estatal ProInversión decidió dejar sin efecto el proceso de concesión del proyecto, que buscaba desarrollar un sistema fluvial capaz de mantener la navegación en la Amazonía peruana las 24 horas durante los 365 días del año.