Crítico con el gobierno, el exmandatario que administró dos veces el país (y apunta a una posible tercera oportunidad) evalúa el potencial que tiene el país para corregir sus errores y seguir en la senda del crecimiento. Sin duda, Alan García se se ve a sí mismo como futuro gobernante.Existen dos grandes variables que para el gran consenso de economistas e intelectuales explican el crecimiento de largo plazo en el desarrollo de un país: productividad e instituciones. Nuestra productividad es muy baja comparada incluso con países del entorno y respecto a nuestras instituciones, no hay duda de que existe mucho por hacer. James Robinson, autor de "Por qué fracasan los países", señalaba hace poco que esto último era tarea de políticos, no de tecnócratas. Ocurre que la política lo define todo o casi todo. Una mala conducción política en la mejor circunstancia económica destruye una nación, por el contrario una muy buena conducción política en una situación calamitosa mundial puede darle fortalezas al país.En el caso por ejemplo del gobierno de Toledo, uno siente que no hubo un liderazgo y que un equipo de técnicos suplió la carencia de ese líder.Pero el país creció a cuatro por ciento en promedio por falta de ese liderazgo. ¿Qué necesita el país para marchar al unísono como un buen ejercito? Necesita un sueño, necesita un canto de victoria y eso no lo dan los libros, los papeles, eso lo da el discurso corporal y por eso el ser humano sigue siendo el principio de todo, en el principio del verbo dice San Juan. Hay mucha gente que desprecia el discurso y la forma de vender ilusiones y vender convicciones, y yo siempre digo que solo logra venderlas quien está convencido de lo que dice. Cuando se le impone a uno una hoja de ruta de la que no está convencido, obviamente el país va marchar mucho menos.¿No cree que cuando el presidente Humala habla desde la Hoja de ruta para la Gran Trasformación está retornando a cierta forma de estatismo? Porque hemos acabado con esta ley universitaria, con el reflote de Talara, con el Gasoducto del sur, Megaproyectos que tienen un tinte nacionalista, además de las regulaciones que se han impuesto a las industrias extractivas y las de bienes de consumo. Yo repito un dicho chino: El tigre no cambia de rayas aunque quiera. Aquí lo que ha habido es falta de convicción, ha habido oportunismo a la hora de decir "adopto el modelo anterior, pero le quito el pie al acelerador". Hay un punto que la prensa está ignorando, a veces creo que hasta por intereses, y es que de manera subrepticia estamos volviendo ya no a la Gran Transformación sino al chavismo interventor y estatista. A través, por ejemplo, de estos megaproyectos que eran privados y se convierten en públicos. El gasoducto del sur tenía un proyecto original de US$ 1,300 millones, aceptado por la misma empresa, que ahora lo va a llevar a cabo como un proyecto público de US$7,300 millones, financiado por los consumidores. Y lo digo porque yo he visto y estudiado el proyecto con la propia empresa.(Edición domingo).