Es hasta cierto punto natural y resultaba previsible que en esta campaña se desatara por parte de los medios de comunicación una pesquisa acuciosa y hasta obsesiva del pasado de los candidatos presidenciales y congresales.Ello es saludable, más aún luego de ver el carrusel de delincuentes que han asolado la administración pública en estos últimos años y que de haberse producido una investigación previa probablemente hubiera evitado la presencia de algunos indeseables.En el camino se cometerán exageraciones, justos pagarán por pecadores y se puede arriesgar el sentido de una campaña electoral al judicializarla, pero en un país como el Perú, con los antecedentes últimos, ello es preferible a que nos encontremos luego con violadores, rateros o pedófilos bien arrellanados en el poder y encima gozando de impunidad.Eso no nos debe hacer perder de vista, sin embargo, la urgente necesidad de mirar no sólo el pasado sino también el futuro. En ese sentido, junto a la necesaria revisión de los historiales personales de los postulantes, habrá que ir prestando paulatina atención a las propuestas programáticas de cada agrupación y frente a ellas mostrar el mismo rigor respecto de su solvencia o viabilidad.Si la campaña en curso no logra incorporar al debate las ideas fuerza de las principales candidaturas, no podremos exhibir modernidad política. Por más periodístico y legítimo que sea desnudar las veleidades sexuales de un sujeto inefable como Carlos Torres Caro, el oscuro pasado militar de Ollanta Humala, los chanchullos en los que han estado metidos decenas de candidatos al Congreso de Unidad Nacional, el APRA, UPP y demás agrupaciones, también lo tendrá que ir siendo el tema ideológico.Se busca personas decentes para gobernar. Pero la decencia sin ideas puede conducir a un infierno en el país. El APRA ha presentado ayer su plan de gobierno. El de Unidad Nacional ha sido expuesto con anterioridad.Muchas otras agrupaciones han hecho lo propio. Hay, en ese sentido, mucho trigo por separar. El papel aguanta todo y así como estamos hartos de inmorales, también lo estamos de promesas que luego no se cumplen o de programas de gobierno que terminan en el tacho de basura, señala el director del diario La Primera, Juan Carlos Tafur.