La devastación generada por la minería ilegal e informal del oro en el Perú es tan grande que su huella puede verse desde el espacio. Las fotografías satelitales de Google y la NASA muestran un extenso desierto, una herida abierta en un rincón de una de las selvas más biodiversas y admiradas del planeta en Madre de Dios. Y la peligrosa actividad se ha expandido a la selva norte, en Loreto, afectando ya los ríos Marañón, Santiago y Cenepa. Hasta ahora el ministro del Ambiente, Manuel Pulagar Vidal, no se atreve a expedir una declaración de emergencia en las zonas donde la mafia del oro genera destrucción ambiental y pone en riesgo la salud y futuro de campesinos e indígenas. Desde hace buen tiempo, diversos sectores de la población piden que se declare tal emergencia en las áreas afectadas, sin mayor éxito.