JUEGO MORTAL
7 de febrero de 2006

Lo que al comienzo parecía una denuncia fabricada para mellar la candidatura de Ollanta Humala -su eventual participación en la violación de derechos humanos en Madre Mía, en 1992- se ha ido complicando con el correr de los días, a medida que han aparecido nuevas versiones que fortalecen la acusación.Los representantes del Partido Nacionalista han desestimado la denuncia indicando que se ha 'comprado' a testigos para que ofrezcan una versión que incrimine a Humala. Este, por su parte, ha trasladado la responsabilidad de responder sobre el tema al Ministerio de Defensa, el cual, de acuerdo con el patrón adoptado por los mandos castrenses, oblicuamente va a mantener reserva. Se trata de un serio error, pues la gravedad de la acusación y la acumulación de evidencias obligan a Humala a un esclarecimiento inmediato sobre su real participación en dicha zona durante los tiempos de la violencia en el Perú, al margen del efecto electoral que esto pueda tener.Cabe la posibilidad, incluso, de que esto le pueda convenir debido a que -lamentablemente- la defensa de los derechos humanos -de todos- no es una idea que ha calado en el país.Eso es tan lamentable como la comprobación de la poca importancia que han dado los cuatro principales candidatos -incluido Humala- a las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, así como la incorporación en sus planchas presidenciales de personas que son críticas acérrimas de ella. También es penosa la constatación de cómo muchos sectores -políticos y periodísticos- asumen, con entusiasmo, las acusaciones de violación de los derechos humanos supuestamente cometidas por Humala, simplemente porque sirven para atacarlo, pero no porque el asunto de fondo sea una preocupación sincera, pues la verdad es que, más allá de utilizar este tema como arma política, les interesa un pepino.Seguimos a fojas cero. A muy pocos les importan las miles de muertes ocurridas en el país, ni la aplicación de medidas estructurales para corregir la exclusión, salvo para usarlas como dardos en este juego mortal, señala el director de Perú 21, Augusto Álvarez Rodrich.