Rosendo Ávila Vargas negó ser el testaferro de la familia Dyer, pero reconoció haber sido el primer titular de la concesión minera que transfirió luego a la empresa Cemento Amazónico SAC, en la que la ministra de la mujer, Carmen Omonte, es accionista minoritaria."No soy testaferro. Yo trabajo para la empresa y la familia. A mí la familia me dice: "¿Sabes qué, Rosendo? Quiero que vayas a hacer este trámite", y todo se ha hecho legalmente... aquí no se ha hecho nada oscuro", dijo Ávila en su defensa al programa Cuarto Poder.A Ávila, chofer y asistente personal de Luis Dyer, ex esposo de Carmen Omonte, el Estado le concedió no una sino cuatro concesiones mineras en Huánuco. Fue la de Luyando 10, ubicada a la altura del kilómetro 19 de la carretera Huánuco-Tingo María, de 700 hectáreas, la que entregó a Cemento Amazónico -cuyo representante legal y accionista mayoritario es Luis Dyer- tres meses después de obtener la titularidad por un valor de 50 mil dólares. Era junio del 2012, cuando Omonte ya llevaba varios meses de parlamentaria.