Atrapado entre dos cerros desérticos en el sur de Perú, Relave luce a simple vista como una de las cientos de localidades mineras que salpican la geografía del sexto productor mundial de oro. Su nombre, de hecho, es una referencia a los desechos tóxicos que alberga el pueblo. Relave se ubica en la provincia de Parinacochas, en la región Ayacucho. Pero es también el hogar de Aurelsa, una de las primeras minas a pequeña escala del mundo en producir oro certificado y comercializado como "ético", dentro de un esquema para reducir el dañino impacto de la minería ilegal en los países en desarrollo. "Cuando llegamos no teníamos nada (...) Ahora estamos exportando internacionalmente", dijo el presidente ejecutivo de Aurelsa, Juan Coronado, quien llegó a Relave a fines de la década de 1980 dejando a su familia en los Andes peruanos. Coronado cuenta que solía recoger los desechos mineros para mezclarlos con mercurio y vender la amalgama a intermediarios en un pueblo cercano. Luego unió fuerzas con un pequeño grupo de mineros ilegales para crear Aurelsa como una empresa legal en el 2000, pasando a pagar impuestos y a regirse por las regulaciones de la industria.