En picada. En enero, el Parlamento tenía una aceptación del 22%, que subió a 24% en febrero y marzo. Con el reparto de cargos en el BCR, el TC y la Defensoría empezó una caída libre. Las denuncias contra legisladores empeoraron la situación. Año aciago. Cuando empezó el 2012, el Congreso peruano tenía una aprobación del 22%, según la encuestadora GFK. En febrero subió al 24%, su pico más alto. No es una gran cifra, pero también es verdad que los parlamentos en el mundo no suelen ser focos de popularidad ciudadana. En Chile, un país con una institucionalidad mucho más consolidada, el Congreso también presenta índices de aceptación reducidos. De acuerdo con la encuestadora Adimark, en febrero la aprobación del Senado era del 22% y su desaprobación del 66%. Mientras que la aprobación de la Cámara de Diputados era del 19% y su desaprobación del 69%. Es decir, a inicios de este año el Parlamento nacional bordeaba niveles de aceptación que pueden ser considerados normales en comparación con otros casos. Sin embargo, a partir de julio el declive se empezó a hacer evidente. Varias cosas explican esta caída libre (ver infografía). En julio, precisamente, las propuestas en las calles pusieron en evidencia el descontento ciudadano por la denominada ‘repartija’ en la selección de los candidatos para la Defensoría del Pueblo, el Tribunal Constitucional y el Banco Central de Reserva. La indignación fue tal que al Congreso no le quedó otra que anular todo el proceso en sesión de emergencia y empezar de nuevo. A partir de entonces, todo fue hacia abajo. “Lo de la repartija fue un hito, algo muy fuerte. Dejó la sensación de que todo el mundo en el Congreso está en el plan de querer ganar algo para sí mismo, por encima del bien común”, declara Hernán Chaparro, responsable de GFK. (Edición domingo)