Murió Nelson Mandela, leemos, escuchamos, pero no sentimos que la frase sea real. Porque con él es tangible aquella expresión que dice que hay personas que, por sus actos, resultan inmortales. Y aunque sus ojos se hayan cerrado y su corazón haya dejado de latir, el legado del hombre que se trajo abajo esa lacra llamada apartheid, que establecía diferencias en las personas en las personas por el color de su piel, se mantendrá por siempre. Él mismo era consciente de su grandeza. Por eso, alguna vez dijo: "La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que creía necesario por su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que yo he cumplido ese deber, y por eso descansaré para la eternidad".