Después del fracaso del pedido de indulto, el condenado por corrupción y delitos de lesa humanidad Alberto Fujimori parece haber entrado en un natural estado de depresión. Su bancada le regatea respaldo, no lo visitan, y surgen discrepancias entre sus hijos Keiko y Kenji por ver quién controla el partido.Esa coyuntura estaría siendo aprovechada por Vladimiro Montesinos para actuar, como en julio de 1990, cuando sus redes en el sistema judicial le permitieron sacar a Fujimori de sus entrampes judiciales. Todo indica, que una negociación está en marcha.El primer indicio ha sido la contratación de un nuevo abogado, William Paco Castillo Dávila, para asesorar a Fujimori.Un antecedente que puede ayudar a desenredar la madeja ocurrió a fines de los noventa.