El ambiente político nacional se va tornando cada vez más asfixiante desde el fallido mensaje presidencial del 28 de julio, al punto que el propio Presidente prefiere viajar al extranjero antes que solucionar la huelga médica. Alan García, líder del APRA y principal blanco de los dardos del cada vez más tambaleante gabinete del diálogo, señala que encuentra en la mezquindad y la falta de un proyecto político alternativo a la reelección conyugal, los motivos de tanta zozobra y aislamiento. Correo: ¿Concuerda con el diagnóstico generalizado de que el gobierno de Ollanta Humala sobrevive en medio de la indecisión y el autoaislamiento político?Alan García: Pienso que el país llega a esa conclusión por el ambiente de tensión y confrontación, indebido e innecesario, que tiene por origen que el Presidente haya entregado el timón y la agenda política a personas con ánimo vengativo y odio. No siento que el Presidente esté ejerciendo su cargo para señalarle objetivos al país. El mensaje del 28 de julio ha dejado un vacío del cual han nacido todos estos temas gravísimos, como la vinculación con el narcotráfico a través de Nancy Obregón o el montaje con el Poder Judicial. Y este vacío, que la gente califica de confusión, se da porque han perdido su norte básico: el continuismo. Abandonado ese tema central que motivaba a quienes están en Palacio de Gobierno, parece que no tuvieran otro objetivo y seguimos perdiendo oportunidades enormes de crecimiento y mejoría social.C: Y si el Presidente no es quien marca la agenda, ¿quién debería hacerlo?AG: Nadie puede sustituirlo. La influencia de los partidos que no están en el Gobierno es solamente eso: intentar señalar metas y rumbos. Pero parece que esa es otra característica de quien nos gobierna: no escuchar y, por el contrario, sentirse ofendido cuando algún partido, organización o persona le señala por dónde se podría ir mejor. Lo digo en primera persona. Para pocos sería tan importante que el país continuara a la velocidad que venía y poder decir "contribuimos a que esto sea así y le ganamos a Chile", que hoy es un hecho, pues nuestro PBI ya es mayor (nota: medido a Paridad de Poder Adquisitivo). Pero cuando se le recuerda al Presidente que la crisis mundial es una gran oportunidad para países como el nuestro, pues los grandes capitales no tienen muchas oportunidades adónde ir, o no responde o no hace caso. Hay bastante rechazo al buen consejo. Se malinterpreta, se cree que todo es trampa y zancadilla. En estos dos años he intentado actuar como le corresponde a un exjefe de Estado, ayudando a ver los aspectos positivos, pero desde el primer día he sido recibido de una manera desdorosa, con comisiones investigadoras y acusaciones a toda hora para enlodar mis obras y mi figura. De pronto nos ven como enemigos pensando en una candidatura y nunca se han puesto a preguntar si uno quisiera o le convendría seguir en la escena política. Y eso, lamentablemente, obliga a que las personas se defiendan, y da la imagen de confrontación.(Edición domingo).