Miles de manifestantes ocuparon el jueves las calles en más de 100 ciudades, llevando a la policía a reforzar la seguridad y a los comerciantes a cerrar las puertas de sus negocios. Tras más de una semana de las mayores protestas que ha visto Brasil en más de dos décadas, los manifestantes no dan señales de bajar los brazos. Las alzas de las tarifas de transporte que desataron el malestar fueron revocadas en las dos mayores ciudades del país el miércoles.