El Papa Benedicto XVI finalizó su difícil reinado, tras prometer obediencia incondicional al pontífice que lo suceda en la misión de dirigir a la Iglesia Católica Apostólica Romana, que atraviesa uno de los períodos más críticos en sus 2000 años de historia. El Papado quedó oficialmente vacante, después de que Benedicto se convirtiera en el primer Pontífice en renunciar a su cargo en seis siglos. En un gesto simbólico, la bandera papal, amarilla y blanca, fue arreada y la Guardia Suiza se retiró de la entrada de la residencia de verano de Castel Gandolfo, al sur de Roma, mientras las pesadas puertas de madera del recinto eran cerradas.