Fue bautizada por los españoles como la Ciudad de los Reyes, a despecho de su último gobernante, el cacique Taulichusco. Sin embargo, a través de los siglos prevaleció la fuerza de la costumbre ancestral y terminó quedándose con el nombre de Lima, la “tres veces coronada villa”, “la gris” o comoquiera que se le haya llamado en estos 478 años de existencia para el occidente y cerca de 4 000 años más para la historia universal.Y es que así es Lima, o por lo menos así solía ser para quienes la habitan: resistente al cambio, arbitraria, impermeable a las críticas y tan culturalmente diversa que sus habitantes nunca parecen coincidir en el mismo proyecto para ella. Sin embargo, ayer quedó en evidencia que algo está cambiando en la ciudad que alberga a cerca de un tercio de la población nacional. Un cambio que viene desde adentro, a pesar de las reticencias de algunos sectores, pero sobre todo para bien de futuras generaciones.