Con los recientes cambios de los principales jefes de la Dirandro, de su director general y de su jefe de Estado Mayor, el comando policial ha buscado bloquear lo que es evidente hace años: una infiltración sutil pero consistente de las mafias en el sistema antidrogas.Esta infiltración se hace más notoria desde el 2009 cuando la policía antidrogas estadounidense (DEA) instaló en el sexto piso del edificio de la Dirandro un programa de interceptación telefónica. Desde entonces, pequeñas pero complejas organizaciones mexicanas y colombianas que operan con peruanos han sido identificadas y varias desarticuladas, gracias a este programa que permite pinchar 200 celulares en tiempo real.Los 40 hombres y mujeres que trabajan las 24 horas del día como escuchas y analistas han identificado la complicidad de sus propios colegas en más de un caso.Fuentes consultadas revelan que hay registros que dan cuenta de conexiones muy estrechas con personas que forman parte o tienen antecedentes por narcotráfico.