La asombrosa designación de Enrique Mendoza como presidente de la Corte Suprema del Perú sorprendió sobre todo al juez elegido. Hasta minutos antes de la votación final, Mendoza no tenía expectativas de hacerse con el cargo. Aunque era uno de los tres candidatos, solo poseía dos votos: el suyo propio y el de Vicente Walde, miembro del Consejo Ejecutivo del Poder Judicial.Walde era toda su fuerza. Lo mismo ocurrió en las elecciones de diciembre del 2010, cuando los vocales supremos eligieron a César San Martín en el más alto cargo judicial. Mendoza se lanzó de candidato y solo lo apoyó Walde. El marcador fue dieciocho contra dos.Claro que, con dos candidaturas a cuestas, incluida la de este año, Mendoza indicaba que quería ser un líder en el Poder Judicial. Pero el solitario acompañamiento de Walde también mostraba que no representa una corriente dentro de la Corte Suprema ni es, en lo personal, una figura con mucho arrastre.(Edición domingo).